jueves, 6 de noviembre de 2008

ANGEL VICENTE PEÑALOZA: VIDA Y MUERTE DEL ULTIMO CAUDILLO DE LOS LLANOS RIOJANOS


En el noroeste argentino, los pueblerinos todavía recuerdan aquella frase que estaba grabada en uno de los puñales que tenía el Chacho: "No me vendo ni me doy, de Ángel Vicente Peñaloza soy". Acaso sea la fiel síntesis, tan paisana como orgullosa, de uno de los mejores exponentes del federalismo argentino del siglo XIX. Porque Peñaloza fue un justiciero en tiempos adversos, cuando el futuro de las milicias montoneras se avizoraba oscuro y asfixiante, con el unitarismo cediéndole un amplio margen de maniobrabilidad al liberalismo extraño y de recetas británicas.

Su asesinato es cruel, despiadado y cobarde, pero contiene elementos románticos que la sabia revisión historiográfica supo encontrarle, porque el Chacho no se entregó. Y porque su muerte se produce en un típico rancho riojano, en la aridez más absoluta de una mañana de Olta, provincia de La Rioja.

Ángel Vicente "Chacho" Peñaloza nació en 1789 en Guaja, un rancherío de los Llanos riojanos, los mismos pagos de Juan Facundo Quiroga, mentor del Chacho en su posterior relación con los gauchos y los federales de su tierra. Un tío de Peñaloza había sido comandante de las milicias de los Llanos, que tuvo a un joven Facundo Quiroga como subalterno. El Chacho pronto supo ganarse la amistad y el respeto del Tigre de los Llanos, y esto quedará demostrado cuando la batalla del Tala, en 1826, donde Peñaloza recibe el grado de Capitán. En las acciones Peñaloza resulta herido de gravedad, y entonces Facundo Quiroga le escribe una carta a su esposa en donde le sugiere que "si el capitán Peñaloza falleciere de una herida que le ha tocado en suerte, tener consideración a su familia, socorrerla en cuanto puedas, que por sus méritos se lo debes en justicia".

Incorporado, años más tarde, a la legendaria División Auxiliar de los Andes, Ángel Vicente Peñaloza se dirige a Tucumán donde participó en la batalla de la Ciudadela, ocasión donde resulta vencedor el Tigre de los Llanos. El Chacho ya era teniente coronel. Pero el vil asesinato de Quiroga, en febrero de 1835, traerá confusión a Peñaloza. Desde entonces, estará influenciado por la maliciosa desinformación unitaria, como la fomentada por Marco M. de Avellaneda, el cual dirá que la causa por ellos emprendida entablaba una "lucha interna de la libertad contra la tiranía". Es decir, los unitarios dijeron que la desaparición de Juan Facundo Quiroga fue promovida por el mismo Rosas, lo cual jamás resultó cierto ni mucho menos probado. Incluso un hijo de aquél, el teniente Juan Facundo Quiroga, participó en las fuerzas patriotas federales cuando la batalla de Vuelta de Obligado, en 1845.

Ya en la Coalición del Norte, y bajo los mandos de los unitarios Lavalle y Aráoz de Lamadrid, lucha en los combates de Algarrobo Largo y Rodeo del Medio, entre otros. El desastroso planteo de Lamadrid en ésta última batalla, hizo que Peñaloza emigrara hacia Chile. Tras un furtivo retorno al país, en abril de 1842, prosiguió en intermitentes escaramuzas hasta que, finalmente, el 8 de febrero de 1843, y tras ser derrotado en Leoncitos por fuerzas del general Nazario Benavidez, regresó al país trasandino.

Será en mayo de 1845 que el Chacho regresa a la Confederación Argentina, más precisamente a ponerse a disposición del gobernador de San Juan, el general rosista Benavidez, y en 1848 vuelve a su rancho de Guaja, La Rioja, tranquilo y respetado. Ungido con los despachos de coronel, el Chacho goza de una inmejorable situación hasta el final de los tiempos del Restaurador de las Leyes. Y sobreviene Caseros, donde la traición y los intereses foráneos cometerán, desde entonces, innumerables estragos en contra de los pueblos criollos del interior patrio.

Puede decirse que la última gran satisfacción militar de Ángel Vicente Peñaloza se dio el 7 de julio de 1855, cuando recibió los galones de Coronel Mayor del Ejército Nacional, grado equivalente al generalato. Como tal tuvo bajo su mando las guardias nacionales de La Rioja capital y de los Llanos. Hay que decir que Urquiza y Peñaloza jamás se vieron personalmente, y que acorde avanzaban los años, el entrerriano, fiel a su actitud ambigua, jamás le prestó ayuda de ningún tipo al Chacho, ni cuando éste se batía heroicamente, y en nombre del federalismo más leal, contra los experimentados regimientos "nacionales" que Bartolomé Mitre envió después de la batalla de Pavón, en 1861, para aniquilar a los caudillos federales que resistían. En la tranquilidad de su palacio de San José, Urquiza mezquinó sus influencias a cambio de una comodidad llena, no obstante, de traiciones y beneficios particulares, siempre en detrimento de la patria. Allí, hay que decirlo, encontraría su muerte a manos del caudillo federal Ricardo López Jordán.

La situación luego de Pavón modifica la geografía política de los pagos aledaños a La Rioja: el "civilizado" Domingo Faustino Sarmiento ocupa la gobernación de San Juan, y el clan unitario liberal Taboada se hace cargo de Catamarca. El peligro del nuevo orden acechaba al noroeste acriollado y federal. Todos los gobernadores serán impuestos por la implacable acción de los regimientos que se enviaban desde Buenos Aires y con el beneplácito de la autoridad presidencial. Militares de experiencia como el uruguayo Wenceslao Paunero, los coroneles Arredondo y Sandes y el mayor Pablo Irrazábal -de nacionalidad chilena-, le habían puesto precio a la cabeza del Chacho, lo mismo a sus colaboradores Severo Chumbita y Felipe Varela.


TRATADO DE LA BANDERITA Y FINAL CRUENTO DEL CAUDILLO

En 1862 la única provincia que no había sucumbido al yugo liberal era La Rioja, y Peñaloza entendía perfectamente bien aquella situación. El coronel Sandes logra dar con varios de sus oficiales cerca de Aguadita de los Valdeses, y los fusila sin misericordia, pero el Chacho sigue sin ser atrapado. Bartolomé Mitre y Paunero, sorprendidos por su supervivencia, instruyen a Marcos Paz para que consiga un armisticio con el caudillo federal. Así nacerá, el 30 de mayo de 1862, el Tratado de La Banderita, suerte de pacificación entre las autoridades porteñas y La Rioja del Chacho. Mandó decir el general Peñaloza a los coroneles mitristas Sandes, Arredondo y Rivas: "Es natural que habiendo terminado la lucha, por el convenio que acaba de firmarse, nos devolvamos recíprocamente los prisioneros tomados en los diferentes encuentros que hemos tenido; por mi parte, yo voy a llenar inmediatamente este deber". Y así fue, el Chacho devolvió los reos que tomó a sus adversarios, alegando lo siguiente: "Aquí tienen ustedes los prisioneros que yo les he tomado, ellos dirán si los he tratado bien, ya ven que ni siquiera les falta un botón del uniforme". En cambio, los prisioneros que los mitristas liberales tomaron en sus incursiones y batallas contra Peñaloza fueron pasados por las armas, sin piedad. Así de "bárbaro" era uno y así de "civilizados" eran los otros...

Un aparentemente resignado Wenceslao Paunero le decía en una misiva a Mitre, allá por junio de 1862: "Nuestros amigos son incapaces de conservar el orden en La Rioja sin la cooperación del Chacho". Unos meses más tarde, en noviembre del mismo año, el masón Paunero exclamará: "[Peñaloza] no solamente ha disuelto las partidas de bandoleros que andaban con Ontiveros y demás, sino que se ha fusilado uno de los caudillejos. Su lema es: Obediencia al Gobierno Nacional".

Pero muy pronto, y una vez más, aquella apacible tranquilidad riojana se esfumará. Sarmiento prendió la mecha repetidas veces, al denunciar que partidas de cuatreros provenientes de La Rioja saqueaban ciudades sanjuaninas de tanto en tanto. El clima enrarecido, pues el último bastión hispánico y auténticamente federalista se conservaba en pie ante las provincias limítrofes ya sometidas a las directivas porteñas, volvió a desencadenar la última rebelión de Ángel Vicente Peñaloza.

Sus enemigos no pierden tiempo: se aprestan a darle caza y muerte al Chacho, cueste lo que cueste. La sublevación chachista en Catamarca (por Felipe Varela, Chumbita y Carlos Ángel) es diezmada rápidamente, y desde San Juan, un furioso Sarmiento le pide encarecidamente al coronel Sandes que ataque La Rioja. ¿Y el Chacho? Él sigue sin ser localizado, y en junio de 1863 hace su entrada con 400 hombres nomás, en la ciudad capital de Córdoba, para sorpresa de muchos. Lo ayudarán, sin embargo, elementos que le son afines a la causa federal, incorporándosele un total de 2.000 paisanos mal armados.

Tras permanecer dos semanas en Córdoba, sin que se produzcan atropellos de ninguna naturaleza, el 27 de junio tiene lugar la batalla de Las Playas, donde 4.000 experimentados soldados de los ejércitos mitristas destrozan a las fuerzas chachistas que huyen hacia todas las direcciones. Los fusilamientos estuvieron a la orden del día.

Luego de una veintena de días de periplo ecuestre, donde el Chacho escapa de sus perseguidores, busca refugio en Olta la noche del 11 de noviembre. Al día siguiente, una partida al mando del mayor Irrazábal lo sorprende y le sugiere que se rinda. El capitán Vera desarma al Chacho y, finalmente, Irrazábal le asesta varios bayonetazos en el pecho hasta asesinarlo. Enseguida nomás, y ante la presencia de su señora esposa, doña Victoria Romero, lo decapitan y le cortan una de las orejas, macabro 'trofeo' que, envuelto en un sobre, se la obsequiarán al gobernador riojano liberal Natalio Luna. Era el 12 de noviembre de 1863. Como funesto corolario, su cabeza fue exhibida en una pica en la plaza principal de Olta. Una leyenda que corrió de voz en voz entre los habitantes llanistos, presagiaba que Olta sería desgraciada "hasta donde llegara el hedor de la cabeza del Chacho"...

Continuador de las gestas valientes de Juan Facundo Quiroga y sostenedor de las luchas montoneras en períodos aciagos, Peñaloza obtuvo el reconocimiento de Ignacio B. Anzoátegui, quien dijo que gracias al Chacho "recordemos siempre que nuestros bárbaros caudillos no eran coimeros". Y José Hernández, la pluma más brillante de la poesía gauchesca nacional, dirá vindicando al Chacho: "La historia tiene para el general Peñaloza el lugar que debe ocupar el caudillo más prestigioso y más humano y el guerrero más infatigable. El asesinato del general Peñaloza es obra de los salvajes unitarios; es la prosecución de los crímenes que van señalando sus pasos desde Dorrego hasta hoy. Que la maldición del cielo caiga sobre sus bárbaros matadores. Los millares de argentinos a quienes el general Peñaloza ha salvado la vida, rogarán por él". Nada más hay para agregar.

Por Tigre Capiango



Bibliografía utilizada:

  • CHAVEZ, Fermín. "Vida del Chacho. Ángel Vicente Peñaloza, General de la Confederación", Ediciones Teoría, 1974.

  • HERNANDEZ, José. "Vida del Chacho y otros Escritos en Prosa", Capítulo 16, Biblioteca Argentina Fundamental. Centro Editor de América Latina, 1967.

  • LUNA, Félix. "Los Caudillos", Editorial Planeta, 2000.

  • "Juan Manuel de Rosas", Año I - Segunda Época. Agosto-Septiembre 1968, Boletín del Instituto Juan Manuel de Rosas de Investigaciones Históricas.

4 comentarios:

Skinhead dijo...

Que grande Chacho Peñaloza.


Un saludo Camaradas!.

maximiliano dijo...

Un ejemplo de lucha a seguir, el Chacho y su resistencia.

Modelo de caudillo federal y montonero patrióta.

Sería interesante organizar un escrache reivindicativo del Chacho frente al monumento del cipayo anticlerical masón de Sarmiento, no puede ser que esa figura todavía siga siendo tomada como ejemplo incluso por charlatanes mediáticos que se dicen revisionistas.

Saludos cordiales camaradas!

jessiii and Tamy dijo...

jaja no entiendo nada
pero me sirvio muchos!!
besos!
:D

hugo castro barros dijo...

me intereso la pagina soy periodista de investigacion vivo en san martin provincia de buenos aires y mi nombre y apellido completo que no utilizo totalmente es hugo castro barros y peñaloza creo que esta todo dicho si aqsi es todo indicaria que soy tataranieto del dr. pedro ignacio castro barros y bisnieto del gral bicente peñañoza con b larga como algunas veces el firmaba me gustaria saber y tener en mi programa a alguien que recuerde al chacho un historiador si es positivo le doy todos los datos un abrazo y viva la patria el programa se llama la casa de latinoamerica y trata como eje principal la lucha de nuestros patriotas me gustaria saber que fue de su rancho de ese lugar en que murio por eso el miercoles 11/11/09 es el dia ideal para hablar del geral riojano hugo castro barros y peñaloza correo electronico hugocastrobarros@yahoo.com.ar