domingo, 12 de abril de 2009

CONTRA LA "LEYENDA NEGRA": ALGUNAS OBRAS DE SACERDOTES CATOLICOS EN LA GOBERNACION DEL RIO DE LA PLATA (1617-1776)


Recientemente, y con motivo de celebrarse las Pascuas de Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, el Papa Benedicto XVI dijo en Roma que la secularización de la sociedad, que está acompañada por la banalización y la desacralización de todo lo que complementa a la vida pública, permite la ridiculización del hijo de Dios. Expresó que "estamos trastornados al ver los niveles de brutalidad en los que los seres humanos pueden hundirse. Jesús es humillado en nuevos modos también hoy, cuando realidades entre las más sagradas y profundas de la fe son banalizadas". Y, en un mismo sentido, indicó que "en la vida pública, todo corre el riesgo de ser desacralizado. Nuestra vida social se vuelve cada vez más secularizada. Lo sagrado es cancelado. Valores y normas que mantenían unidas las sociedades y guiaban a la gente hacia más altos ideales son ridiculizadas".

Resulta innecesario advertir que la nombrada secularización, ridiculización y desacralización son motivadas con fanatismo contumaz por la masonería. Existen varias citas de miembros famosos de la orden que se manifestaron en idénticos términos. No hace falta nombrarlos, aunque tampoco olvidarlos.

Pero no solamente la masonería agita estas maldiciones contra Jesucristo y su creación, sino también las envenenadas teorías que surgen de la "Leyenda Negra" de la conquista española, a la cual tildan de "bárbara", "tirana", "genocida" y toda una larga serie de adjetivos similares -cuando no idénticos- a los que los remanentes de la delincuencia subversiva setentista refriegan, con un claro afán de lucro, contra las FF.AA. argentinas, o bien, como los que la historiografía liberal regala a los verdaderos patriotas nacionales.

En virtud de ello, queremos enumerar algunas obras magnas que los sacerdotes católicos hicieron en nuestro país cuando la Gobernación del Río de la Plata y, posteriormente, en el Virreinato del Río de la Plata. Queremos resaltar los avances que lograron estos misioneros gracias a su magnífico ideal de civilización y creación de cultura. Nada hubiese sido posible sin los hombres de la Santa Iglesia Católica y la decisión de los conquistadores españoles que llegaron al Nuevo Mundo.

La fuente consultada lleva por título "Defensa de la Argentinidad", de Matías E. Suárez, y dice así:

"Esta Iglesia de Cristo, eje vital de la civilización de Occidente, llegó a nuestras latitudes, como ya lo recordáramos, por obra de España quien se valió de los sacerdotes para la empresa misionera y civilizadora. Ellos fueron los verdaderos maestros de la Patria y nadie, medianamente informado, puede desconocer esta verdad.

Fue un sacerdote el primer escalador de los Andes patagónicos y el primero en llegar a las zonas de Bahía Blanca, Río Negro y Nahuel Huapí. Fue un sacerdote quien introdujo las primeras ovejas en la Patagonia y quien, mientras escribía gramáticas indígenas, enseñaba a los naturales a hilar y tejer la lana, plantando los primeros frutales en el que llegaría a ser, gracias a sus iniciales esfuerzos, "el país de las manzanas".

Las primeras casas de Nahuel Huapí las construyó el sacerdote Juan Guglielmo en el año 1704 y fueron los sacerdotes Quiroga, Cardiel y Strobel los que integraron la primera expedición científica, salida de Buenos Aires hacia la Patagonia, en el año 1745.

El sacerdote Falkner fue durante doce años el médico más célebre de Córdoba y del Tucumán; el Padre Bolaños fue el primero en traducir el catecismo a lengua guaraní, realizando una obra tan formidable que desde fines del Siglo XVI no hay gobernador que en carta al Rey olvidara de señalar los méritos civilizadores de aquel humilde y meritorio franciscano.

Del sacerdote Antonio Díaz Picón salió la idea de fundar Corrientes; el sacerdote Alonso Barzana fue misionero, historiador y lingüista: hablaba trece idiomas y dialectos indígenas y escribió la gramática de otros ciento quince para uso de las reducciones; fue el autor del primer drama escrito en el país, así como el primer civilizador de los indios lules y calchaquíes. El padre Ruiz de Montoya fue el primero en escribir sobre la yerba mate, conocida desde entonces como "el té de los jesuitas". El franciscano Francisco Jiménez escribió el primer vocabulario en lengua azteca y fray Alonso de Molina redactó un diccionario de 30.000 palabras de lengua náhoa.

Vicente Gil Quesada pudo escribir con justicia de estos esclarecidos soldados de la Iglesia: "Los vocabularios, las gramáticas, catecismos y sermonarios que en los idiomas indios escribieron los religiosos, se cuentan en tan crecido número y son tan importantes que bastan para constituir un monumento histórico filológico que no tiene parecido".

El sacerdote Hernando Gomar pagó con su dinero una expedición civilizadora al "país del Tucmá" o Tucumán. Fue el sacerdote Juan Cedrón quien introdujo la vid en la Argentina y quien bautizó a la Patria con venturoso nombre fue el sacerdote Martín del Barco Centenera.

El jesuita, médico y cirujano Pedro Montenegro, fue el autor del mejor tratado de Botánica escrito en el Siglo XVIII; la primera farmacia pública de la ciudad de Buenos Aires, ubicada en la esquina de Alsina y Perú, fue obra del ya citado padre Falkner en el año 1680. Los religiosos betlemitas durante más de cien años fueron los únicos enfermeros y los únicos médicos existentes en los hospitales de Mendoza, San Juan, Tucumán, Córdoba, Salta, Jujuy, Corrientes, Paraná, Santa Fe y Buenos Aires. Como si esto fuera poco la primera cátedra de medicina que se creó en Buenos Aires se inauguró en uno de los hospitales de estos meritorios soldados de la Fe.

Fray Tomás de Verlanga fue el descubridor del Río Paraná y el fraile Domingo de Neyra fue el autor del primer libro porteño. La primera imprenta que conoció Buenos Aires fue la del Obispo Andrés de Vergara y Uribe.

El sacerdote Cosme Argüello instaló el primer molino en la zona del Plata y el jesuita Roque Gorostiaga fue el primer navegante del Río Bermejo. El sacerdote Domingo Martínez fue, en el ámbito del Virreinato del Río de la Plata, el primer fabricante de peines, anzuelos, tijeras y trapiches para exprimir la caña de azúcar.

Los jesuitas fueron quienes enseñaron a los indios a fabricar ladrillos y a usar la cal; ellos instalaron, para este menester, el horno más importante de Buenos Aires, en la actual esquina de Moreno y Bolívar, mientras los indios albañiles, por ellos formados, bajaban de Misiones para construir en Buenos Aires los primeros edificios de mampostería, la fortaleza de la ciudad y las defensas del Río Luján".

Para un 20 de noviembre, Día de la Soberanía Nacional, encontramos en la localidad de Obligado, provincia de Buenos Aires, al cantante folklórico federal Roberto Rimoldi Fraga, quien comenzó diciendo algo parecido a lo que sigue, y que guarda entera relación con lo que acabamos de exponer: "En la historia de nuestro país no hay episodio en el que no hayan actuado tres actores fundadores del mismo: un gaucho, un sacerdote y un militar". Hasta la próxima.

4 comentarios:

Lorenzo dijo...

chinguen a su madre criollos de mierda, ustedes y su santa mierda se pudriran en toda la faz del infierno y su puta historia los ahogara en un vaso de sangre.

Lorenzo dijo...
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Gabriel dijo...

Hay que hacer una distinción enre los jesuítas y los colonizadores, que sojuzgaron brutalmente a los pueblos nativos. Fueron los jesuítas, incluso en contra de los intereses de los conquistadores, los que llevaron a cabo una verdadera integración. Habría que hacerle entender al bendito Benedicto, que por algo es que la iglesia ha fracasado en su intento de gestionar la fe del mundo, un día el diablo, para vencer a Jesús, creó la iglesioa católica. Esa leyenda negra a la que hacen referencia no es tan leyenda, es mas bien tangible.
Hay que separar a los jesuítas del espíritu general de las conquistas, y enaltecerlos por sobre la cultura católica (o española, o europea) que enfermó de los peores vicios a este pueblo desde sus raíces.
Una premisa básica: por que un sector de la sociedad colonial decidió la independencia para formar esta nación, si estabamos tan bien bajo el católico padrinazgo de la madre patria imperial?
Y dejen ya de defender a las FF.AA., casta entreguista y anti nacional si las hubo. Revisen la historia, no tan tendenciosamente, muchachos.

Gabriel dijo...

Síp